Los niños se dormían a las diez. A partir de esa hora quedaban una máquina de coser que había ganado en un concurso, un trozo de tela que andaba por la casa y poco más de una hora antes de que se acabara la noche. Oksana Alkhunsaeva había vuelto de su segunda baja por maternidad a trabajos que no tenían nada que ver con la costura, sobre todo en ventas, y el único tiempo libre que le quedaba era el del final del día. Sabía que tenía que coser. Todavía no sabía cómo.
La orden le llegó como llegan a veces las órdenes. Una noche soñó con su abuela, ya fallecida, que le dijo una sola palabra: «Cose». Oksana nunca ha tratado los sueños como algo abstracto; presta atención a todo lo que le llega por esa vía. Hoy le encargan sus trajes desde toda Rusia, desde Moscú y San Petersburgo hasta Yakutsk y Kamchatka.
Nació en 1984 en Ust-Ordynsky, una localidad de unos 15.000 habitantes en la región de Irkutsk. Era la menor de la familia Khunkheev y la hija esperada después de dos varones. Sus padres mantenían los rituales tradicionales y hablaban buriato en casa, algo que la mayoría de las familias ya no hacía en aquella época. Ella cuenta que desde niña vio todo lo buriato a su alrededor, y que todo se hacía como si esa fuera sencillamente la manera natural de hacer las cosas. La familia, sin embargo, no usaba ropa tradicional en el día a día: su abuela tenía unos gutuls auténticos, las botas buriatas, y poco más.
Hay razones por las que un armario se vacía con las generaciones. Los buriatos son un pueblo mongol cuyo territorio histórico se centra en la región del lago Baikal y en zonas del sur de Siberia y del norte de Mongolia, con una cultura formada dentro del mundo mongol: ganadería nómada y seminómada, organización por clanes, gers, tradiciones chamánicas y, en muchas comunidades, budismo tibetano. La colonización rusa de esa parte de Siberia comenzó hacia la década de 1620 con el avance militar de los cosacos: se levantaron fuertes, se impuso un tributo y se rompieron los vínculos políticos con los gobernantes mongoles. Bajo el imperio y, sobre todo, bajo la Unión Soviética, la integración se profundizó con la colectivización, la represión de las instituciones budistas y de las élites buriatas, y la rusificación cultural. En 1958 las autoridades soviéticas eliminaron la palabra «mongol» del nombre de la república. En 1938 ya se habían cerrado todos los datsan buriatos en funcionamiento y buena parte del arte religioso y de los manuscritos había sido confiscada o destruida; los lamas fueron detenidos, deportados o ejecutados. En septiembre de 1937 la república buriato-mongola se dividió y los distritos de Alar, Bokhan y Ekhirid-Bulagad pasaron a la provincia de Irkutsk, donde después se formó el distrito autónomo de Ust-Orda.
Ese es el distrito donde creció Oksana, jugando con muñecas, inventando patrones y cosiéndoles ropa mientras veía la telenovela mexicana Simplemente María, en la que una chica de una provincia rural remota llega a la capital y se convierte en diseñadora. La pequeña Oksana de Ust-Ordynsky quería exactamente eso. Su adolescencia, en cambio, fue dura. En octavo curso cambió de escuela y enseguida se convirtió en la excluida. Estaba acostumbrada a unos hermanos que la protegían y a un padre que la llamaba «mi belleza»; en la escuela nueva, sus compañeros se burlaban de sus labios gruesos, convertían su apellido en insultos y le tiraban la bolsa de libros por los pasillos. Aprendió a cerrarse. Todavía hoy cualquier conflicto le provoca lo que ella llama un síndrome de reacción retardada: el dolor no llega en el momento, sino horas o días después, y le cuesta muchísimo procesarlo. Como quería entender por qué la gente se comporta así, estudió psicología en la universidad.
El giro llegó por casualidad. En 2008 entró a trabajar en el Centro para la Preservación y el Desarrollo de la Etnia Buriata, que ese año organizaba el festival Altargana en Irkutsk. El festival nació en Mongolia en 1994 y desde entonces se ha hecho internacional, con participantes que llegan desde Mongolia Interior hasta Francia. A Oksana la impresionaron tanto las dimensiones del evento como lo que vio allí. «Antes de eso, apenas había visto nuestra ropa nacional. Pero en el festival estaba toda la riqueza de las tradiciones buriatas a la vez. Miraba y admiraba», recuerda. El festival lleva el nombre de la planta altargana, de hojas pequeñas y flores amarillas modestas, de aspecto humilde pero con un sistema de raíces extraordinariamente desarrollado. Ella pensó mucho en sus propias raíces y entendió qué quería hacer. Todavía estaba lejos de poder hacerlo.
Sus primeros trajes fueron para familiares y personas cercanas, porque quería que sus hijos y sus sobrinos llevaran ropa nacional y se interesaran por su cultura. Salieron preciosos y también imposibles de usar: hechos estrictamente según el canon, no había ocasión para ponérselos. También quería que la vieran, así que se presentó a desfiles de moda, y en uno de ellos se le acercó un periodista a pedirle una entrevista, igual que pasaba en la telenovela. La pasarela, las luces y las modelos profesionales eran el sueño de la infancia, pero con el tiempo ha llegado a pensar que lo que de verdad quiere es que la gente lleve puesta su ropa. En 2023 fue nombrada mejor diseñadora del distrito buriato de Ust-Orda.
Para ella, un traje buriato no es una pieza de museo. El trabajo empieza por la persona: primero intenta averiguar qué formas y siluetas le gustan al cliente en la ropa corriente, y solo después traduce esas preferencias al lenguaje del traje buriato. Ahora participa toda la familia. Su marido organiza; su madre ayuda en los desfiles, plancha las prendas y termina las costuras urgentes; su padre fabrica cuchillos especiales y lleva a todos en coche adonde haga falta; su suegra y su cuñada también echan una mano. El catálogo del taller, con un número de teléfono de Irkutsk, incluye trajes nacionales, ropa contemporánea estilizada, tocados, objetos chamánicos como cuencos y campanillas, joyería étnica, muñecas buriatas y los fajines, pipas y bolsas que se usan en las bodas, con Dmitry Alkhunsaev como consultor en objetos chamánicos.
Hoy existe un mercado más amplio para esto. Diseñadores de muchos pueblos de Rusia han llamado la atención con trabajos étnicos, entre ellos Ulzyma Vantazova, en la República de Buriatia, que confecciona caftanes con lana de oveja afieltrada, el tejido tradicional de los nómadas, y los decora con ornamentos budistas. La lengua, en cambio, está más debilitada que la ropa. En el censo ruso de 2002, 353.113 personas de una población étnica de 445.175 declararon hablar buriato.
Y luego está el presente. Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Buriatia registra, según se ha informado, cifras desproporcionadamente altas de muertos y de movilizados; el medio independiente Ludi Baikala contó 9.200 personas de Buriatia y de la región de Irkutsk muertas entre 2022 y 2026.
Oksana se ríe cuando reconoce que a veces le gustaría volver a un trabajo de oficina tranquilo y estable. Entonces alguien se le acerca y le pregunta cómo puede conseguir un traje como el suyo. «Es como si alguien no me soltara y siguiera diciéndome: “Cose”».