La orden llegó de noche y era sencilla: bajar del tren, alejarse de los vagones y caminar hacia el lago. Katerina Sergatskova, una periodista que viajaba en el tren de Kiev a Varsovia, hizo lo que le dijeron y después pasó varias horas al aire libre con el resto de los pasajeros. «Nos dijeron que evacuáramos de inmediato, pero no había ningún refugio», contó al Kyiv Independent. Ella misma vio cómo unos drones rusos golpeaban una gasolinera y la locomotora del tren cerca del paso fronterizo de Yahodyn, en la frontera de Ucrania con Polonia.
Cuando el dron impactó contra la locomotora, el tren estaba a unos dos kilómetros del territorio polaco, según informó Ukrzaliznytsia, la empresa estatal de ferrocarriles de Ucrania. Nadie a bordo resultó herido. Los 206 pasajeros fueron evacuados a tiempo. La empresa ferroviaria polaca PKP dijo después que se había hecho cargo del tren.
Horas más tarde se supo quién viajaba esa noche por la misma línea, y el ataque dejó de parecer un hecho aislado. Poco antes del impacto, un tren diplomático había estado en la estación de Yahodyn. A bordo viajaban asesores de seguridad de varios países de la Unión Europea y antiguos líderes europeos, entre ellos el exprimer ministro británico Boris Johnson. En otro tren que estaba en la estación en el momento del ataque se encontraba el exdirector de la CIA, David Petraeus. La empresa ferroviaria añadió que era muy posible que el objetivo fuera ese tren diplomático, que había pasado poco antes por el mismo tramo. Según el ferrocarril, en él viajaban Johnson, el exprimer ministro sueco Carl Bildt, Petraeus y otros altos responsables europeos de seguridad. Rusia, por su parte, reconoció que había atacado infraestructura ferroviaria en el oeste de Ucrania.
El semanario alemán Der Spiegel contó lo que ocurrió dentro de ese otro tren. Günter Sautter, uno de los asesores más cercanos del canciller alemán Friedrich Merz, viajaba de Kiev a Polonia en la noche del 12 al 13 de septiembre. Hacia las cinco de la mañana el tren se detuvo cerca de la frontera. Los revisores despertaron a los pasajeros y los prepararon para evacuar, y algunos bajaron por los ataques con drones en la zona. Después llegó el aviso de que ya no se detectaban drones y la evacuación no se realizó. Sautter había estado en la capital ucraniana con asesores de seguridad del Reino Unido, Francia e Italia y con representantes del Gobierno del presidente Volodímir Zelenski, para hablar de posibles negociaciones de paz con Rusia. Un dron incendió una gasolinera y varios camiones a unos 800 metros del paso fronterizo entre Yahodyn y Dorohusk.
El ministro de Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, publicó un video de la gasolinera en llamas y escribió que, pocas horas antes, miembros de su propio equipo habían quedado atrapados en ese mismo paso fronterizo, sin poder salir de Ucrania por la amenaza de los drones rusos.
Las autoridades polacas aclararon que no hubo violación del espacio aéreo polaco, según el ministro de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz. Aun así, Varsovia lo tomó muy en serio: el ministro de Exteriores, Radosław Sikorski, escribió en redes sociales que Putin estaba escalando el conflicto, y el primer ministro Donald Tusk reunió a un comité de crisis esa misma tarde. El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, fue más directo: «Este es el terror de Putin, que llama directamente a las puertas de la UE y la OTAN».
La razón por la que tantas figuras occidentales viajaban esa noche en la misma línea es simple. El espacio aéreo de Ucrania está cerrado, así que los políticos que van a Kiev dependen del tren desde Polonia.
El tren fue solo una parte de una noche mucho más amplia. Los drones rusos atacaron las regiones de Volyn y Rivne, en un ataque masivo poco habitual contra el oeste del país. En toda Ucrania, los ataques dejaron 11 muertos y 96 heridos.
