«No pudo haber causado este desastre», declaró Hezi Singer a la radio militar israelí. «Estaba a un kilómetro del fuego cuando sus amigos lo despertaron». Su hijo Rotem, de veintitrés años, acababa de ser detenido en el extremo sur de Chile, acusado de provocar por negligencia un incendio en uno de los paisajes más fotografiados del planeta. El veredicto del padre sobre el caso fue tajante: las autoridades chilenas buscaban un chivo expiatorio.
La acusación resultaba casi cómicamente menor al lado de sus consecuencias. Según la agencia Associated Press, los compañeros de viaje de Singer contaron que había quemado papel higiénico después de ir al baño y que luego no apagó del todo las llamas. Las autoridades chilenas lo acusaron de haber iniciado accidentalmente, exactamente de ese modo, el incendio en el Parque Nacional Torres del Paine. El fiscal regional, Juan Meléndez, afirmó que el joven había reconocido su parte en haber permitido negligentemente que el fuego comenzara.
Lo que se derivó de aquel trozo de papel, si la versión del fiscal era correcta, fue uno de los peores incendios en la historia del parque. Cuando Singer fue detenido, a finales de diciembre de 2011, habían ardido unos 110 kilómetros cuadrados de bosque y 400 turistas habían sido evacuados, mientras los bomberos no lograban frenar el avance del fuego. Más de 560 brigadistas trabajaban en el incendio y el gobierno declaró el estado de emergencia para la región. Según las autoridades, la superficie quemada equivalía a casi el cuatro por ciento de todo el parque.
Torres del Paine se encuentra en la Patagonia chilena, al sur del país: un conjunto de cumbres de granito que se alzan sobre la estepa, con glaciares a un costado y, más abajo, lagos de colores minerales e intensos. El parque fue creado en 1959 y declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978. Es célebre por su viento, y los meses más ventosos, de noviembre a enero, coinciden con la temporada alta de turismo. El director del servicio nacional de emergencia de Chile, Vicente Núñez, describió aquello a lo que se enfrentaban sus equipos como «un escenario extremo, principalmente por la topografía, los fuertes vientos y la vegetación altamente combustible».
Aquel verano ardía todo el sur del país. Los bomberos combatían tres grandes incendios forestales, en las regiones de Magallanes, Biobío y Maule. Uno de ellos se cobró una vida: la de un anciano que se negó a atender los avisos para abandonar su casa. Más de 100 viviendas fueron destruidas, y los miles de turistas que en esa época del año habrían estado caminando por Torres del Paine tuvieron que mantenerse lejos, lo que costó millones de dólares a la economía local. Una ola de calor y una sequía de alcance nacional agravaban la situación. «Tenemos una situación de extrema vulnerabilidad», dijo el presidente Sebastián Piñera, que pidió penas más duras para los incendios provocados. Piñera señaló que podían pasar semanas antes de controlar el fuego del parque.
El país quería que alguien respondiera, y Singer era el nombre disponible. La ministra de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, anunció que el gobierno demandaría a los responsables. El incendio, dijo, había sido obviamente causado por la negligencia de unos turistas. «Pudo ser accidental, y lo más probable es que lo haya sido, aunque no podemos tener certeza».
La familia del joven, entretanto, insistía en que la versión que circulaba no tenía ningún sentido. Su abuelo, Gilad Harel, dijo al diario israelí Yediot Aharonot que las acusaciones eran extravagantes y que Rotem era «una persona responsable, que sirvió en una unidad de combate en el ejército». El propio Singer se declaró inocente, aunque el periódico israelí Haaretz informó de que había admitido haber encendido una fogata en una zona del parque donde está prohibido hacer fuego. El mismo diario relató que, mientras lo conducían a la sala del tribunal, algunos presentes le gritaron «judío sucio».
Fue detenido el 31 de diciembre y quedó en libertad bajo fianza, con el pasaporte confiscado y la orden de permanecer en la región de la Patagonia mientras se investigaba el caso. En esa etapa se exponía a 60 días de cárcel y a una multa de 300 dólares. El 5 de enero el parque había reabierto parcialmente, según el diario español El Adelantado de Segovia, que informó sobre el grave incendio iniciado el 29 de diciembre.
El caso se cerró en febrero, y se cerró con árboles. Un tribunal de Puerto Natales ordenó a Singer pagar una multa de 10.000 dólares al Estado chileno y cumplir dos años de servicio comunitario para el Fondo Nacional Judío. El fondo y su filial israelí, Keren Kayemet L’Yisrael, se comprometieron a colaborar en la recaudación de dinero para plantar 50.000 árboles nuevos en Torres del Paine. Conforme al acuerdo, Singer no quedaba implicado en el incendio. Unos 48 incendios forestales distintos habían recorrido el parque entre finales de diciembre y principios de enero, destruyendo al menos 100 viviendas. Singer, originario de Nes Tziona, en el centro de Israel, continuaba su viaje de mochilero posterior al servicio militar, según informó Ynet.
Lo que su caso no modificó fue el patrón. En 1985, un turista provocó un incendio que quemó unos 150 kilómetros cuadrados del parque, al este y al sur del lago Pehoé. En febrero de 2005, un fuego accidental iniciado por un mochilero checo ardió durante unos diez días y destruyó 155 kilómetros cuadrados, entre ellos unos dos kilómetros cuadrados de bosque nativo; el gobierno checo donó después un millón de dólares para la replantación. El incendio de finales de diciembre de 2011, atribuido a un mochilero israelí, quemó aproximadamente 176 kilómetros cuadrados en total y destruyó 36 kilómetros cuadrados de bosque nativo, y también dio lugar a una considerable ayuda internacional y a trabajos de reforestación. En 2019, un nuevo foco originado por una colilla de cigarrillo fue extinguido con rapidez por brigadas cercanas de la Corporación Nacional Forestal.
Existe una mirada de más largo alcance, y complica la idea del extranjero descuidado como único culpable. Estudios paleoambientales recientes realizados dentro del parque indican que los incendios han sido allí un fenómeno frecuente desde hace al menos 12.800 años. Investigadores que trabajan en la estepa patagónica chilena incluyen los incendios forestales, junto con la presión del pastoreo, el sector de los hidrocarburos, las especies invasoras y el cambio climático, entre las amenazas al ecosistema, y sostienen que la conservación de la estepa depende tanto de la protección dentro de parques y reservas estatales como de un cambio en la gestión de las tierras no protegidas que los rodean.
Aun así, la norma que se aplica sobre el terreno es la simple, y hoy se aplica más rápido. En octubre de 2026, la Conaf de Magallanes informó de que dos turistas españoles habían sido expulsados de Torres del Paine después de que guardaparques que patrullaban el sendero Isla de los Hielos, en el sector de Playa Grey, los sorprendieran fumando donde no está permitido. Los guardaparques les advirtieron de la restricción; según la Conaf, la pareja hizo caso omiso y siguió adelante, infringiendo la norma que prohíbe las fuentes de calor fuera de las áreas designadas. Los guardaparques aplicaron el protocolo y llamaron a Carabineros, que detuvo a ambos y los puso a disposición de la fiscalía local de Puerto Natales, la misma ciudad donde se resolvió el caso de Singer. El director regional de la Conaf, John Revello, señaló que eran los primeros turistas expulsados en la temporada 2026-2027 y que la institución se mantiene alerta y vigilante ante todo aquello que ponga en riesgo el medio ambiente o la seguridad de las personas.
