
Prempeh I regresa a Kumasi tras 28 años de exilio
Prempeh, el rey desterrado de los ashanti, desembarcó en Takoradi, en el litoral de la Costa de Oro, hacia las cinco de la tarde del martes 11 de noviembre de 1924. La última vez que había visto su tierra fue en 1896, como prisionero, y los británicos lo habían mantenido alejado de ella durante 28 años.
No se detuvo a descansar en la costa. Según el escritor ghanés Kofi Ellison, el rey partió de inmediato hacia Kumasi, la capital ashanti, en un tren especial nocturno. El convoy hizo un alto en Sekondi para que pudiera recibir el saludo de los miles de personas allí congregadas, entre ellas representantes de la Asante Kotoko Society, la Aborigines Rights Protection Society y el Congress of British West Africa, además de jefes de la Provincia Occidental. En palabras de Ellison, veían en él a un gran líder político africano que había sobrevivido a 28 años de destierro y regresaba con la cabeza bien alta.
El hombre que bajó del barco ya no era el joven monarca al que se habían llevado. En 1924 era un anciano, y al llegar a Kumasi vestía traje y sombrero europeos. Lo acompañaban unos 50 ashanti, la mayoría nacidos en las Seychelles, el archipiélago del océano Índico donde había pasado la mayor parte del exilio. Una lista de la comitiva que regresaba, conservada por la Edward A. Ulzen Memorial Foundation, los nombra uno por uno: Lucy, Ernest, Robert, Alice y Victoria Prempeh, las familias Boaten, Baidoo, Appia y Asibe, y otros más. Todos llevaban nombres cristianos, porque habían sido bautizados en la Iglesia anglicana durante el destierro. El propio Prempeh había recibido el bautismo, junto con su madre, el 29 de mayo de 1904.
Nacido en 1870, Prempeh subió al trono en 1888, y su madre, Yaa Akyaa, fue reina madre de los ashanti entre 1880 y 1917. Era el asantehene, el rey ashanti, en una época en que el Reino Unido pretendía incorporar su territorio a su creciente protectorado de la Costa de Oro, y él se resistió. Cada vez que los británicos le ofrecieron poner a los ashanti bajo su protección, se negó. La expedición que vino después se justificó oficialmente por el impago de una indemnización y por la práctica de sacrificios humanos en su reino.
Un ejército británico recorrió unos 200 kilómetros desde la costa hasta Kumasi, adonde llegó en enero de 1896. El asantehene ordenó a su pueblo que no opusiera resistencia. No se disparó un solo tiro, aunque 18 europeos murieron de enfermedad durante la campaña. Prempeh no pudo o no quiso pagar las 50.000 onzas de oro, cerca de mil quinientos kilos, que se le exigían, de modo que fue arrestado, depuesto y obligado a firmar un tratado de protección. El historiador del derecho Michael Lobban juzga con dureza aquella detención. El gobernador William Maxwell, escribe, decidió apresar a Prempeh pese a que el rey no era un rebelde, no había ido a la guerra ni había incumplido tratado alguno; su detención y su destierro fueron fruto de una agresión imperial en estado puro, ajena a cualquier noción de Estado de derecho.
Prempeh fue sacado de Kumasi el 20 de enero de 1896. Unos 50 parientes, jefes y sirvientes lo siguieron como prisioneros, y los británicos saquearon su palacio. Entre el botín figuraba, según los registros del propio Museo Británico, un brazalete de cuentas de vidrio y adornos de oro, quizá hecho para un niño, que el gobierno de la Costa de Oro donó al museo ese mismo año. Los cautivos estuvieron recluidos primero en el fuerte costero de Elmina, después fueron trasladados por mar a Sierra Leona y en 1900 enviados a las Seychelles.
Allí transcurrieron los años. Según la BBC, los británicos acabaron cediendo en 1924, quizá conscientes de que la muerte de Prempeh en el exilio podría acarrear problemas políticos en territorio ashanti.
Incluso la última noche del viaje, las autoridades coloniales estaban inquietas. Ellison cuenta que, por miedo a disturbios, no permitieron que el rey entrara en la estación de ferrocarril de Kumasi. El tren se detuvo en Kaase, cerca de la ciudad, y fue allí donde Prempeh volvió a pisar suelo ashanti. Lo llevaron en automóvil al nuevo palacio del asafohene, donde se instaló provisionalmente. Los miles de personas que se habían reunido en Kumasi para verlo se llevaron una decepción, escribe Ellison, pero se alegraron de que su rey hubiera vuelto sano y salvo.
No recuperó todo lo que había perdido. Los británicos limitaron su título, y a su regreso pasó a ser kumasehene, jefe de Kumasi, y no asantehene, rey de todos los ashanti. Le construyeron un palacio para sustituir al que había sido destruido, pero el rey no se mudó a él hasta que el reino ashanti lo hubo pagado íntegramente. Uno de los oficiales de la expedición de 1896 había sido Robert Baden-Powell, que estuvo al frente de una fuerza de tropas locales y más tarde fundó los Boy Scouts. Tras su regreso, Prempeh se convirtió en jefe scout de Ashanti.
También empezó a reclamar lo que le habían arrebatado. La petición de devolución de las insignias reales ashanti se remonta a la década de 1920, durante su reinado. Prempeh murió el 12 de mayo de 1931.
Un siglo después de su regreso, la explanada situada frente al palacio real de Kumasi se llenó de una multitud desbordante de júbilo. El actual asantehene, Osei Tutu II, cargado de joyas de oro, la atravesó a hombros en su palanquín, entre disparos de mosquete, tambores y cuernos hechos con colmillos de elefante. «Los británicos hicieron todo lo posible, pero no consiguieron quebrar el espíritu ashanti», gritó el maestro de ceremonias. En su primer discurso de los tres días de celebración, Osei Tutu II, el decimosexto rey en ocupar el Taburete de Oro, dio las gracias a las Seychelles en nombre del pueblo ashanti. Afirmó que el día en que Prempeh llegó por fin a casa, ante un pueblo leal y exultante, había reafirmado el espíritu «imperecedero» de los ashanti. El presidente de Ghana, Nana Addo Dankwa Akufo-Addo, calificó a Prempeh como una de las figuras más inspiradoras de la historia del país: «su vida nos demuestra que no se resignaron dócilmente a ser pisoteados».
La casa que Prempeh pagó sigue en pie. Hoy es el Museo del Palacio de Manhyia, que el 1 de mayo de 2024 inauguró una exposición de objetos ashanti devueltos por el Museo Británico y otras instituciones occidentales, organizada para conmemorar, entre otros aniversarios, el centenario de su regreso. La mayor parte del oro había salido de Kumasi en 1874, antes de su reinado. El Museo Británico prestó 15 piezas y el Victoria and Albert Museum, 17, todas por un periodo de tres años. Entre ellas había una pipa de la paz de oro, cuatro insignias de oro fundido que en su día llevaban los dignatarios encargados de purificar el alma del rey, una pequeña águila de oro y un anillo también de oro. En las mismas salas donde había vivido el rey desterrado, Osei Tutu II definió esas insignias reales como «el alma del pueblo ashanti».