Desde primera hora de la mañana del lunes, miles de personas entraron por las puertas de la iglesia ortodoxa serbia de San Lucas, en Belgrado: antiguos soldados con uniforme militar, jóvenes con banderas de Serbia y de la República Srpska, aficionados al fútbol. Dentro estaba el cuerpo de Ratko Mladić. Sobre el ataúd descansaban su gorra de oficial y su sable. Sus medallas estaban expuestas y, a cada lado, había hombres vestidos de uniforme de campaña.
Más tarde sacaron el ataúd, cubierto con la bandera nacional, entre aplausos. La procesión avanzó hacia el cementerio de Košutnjak con cientos de aficionados al fútbol y jóvenes que llevaban pancartas con su imagen. Hubo una salva de honor y tocó una orquesta militar. También asistieron ministros serbios, aunque antes se había asegurado que ningún cargo en funciones estaría presente. Bruselas había advertido justamente contra eso: la Unión Europea afirmó que cualquier glorificación de criminales de guerra condenados «no tiene cabida en la UE ni en los países candidatos a la UE». El Gobierno serbio sigue rechazando esas advertencias y tampoco reconoce que en Srebrenica se cometiera un genocidio, ya que describe la ejecución de miles de personas como un «crimen horrible». Pocos días antes, aficionados del Estrella Roja de Belgrado habían desplegado una gran imagen de Mladić en un partido en la capital, con una frase que aludía a esas ejecuciones, y habían coreado su nombre.
El hombre del ataúd había nacido el 12 de marzo de 1942 y murió el 27 de agosto de 2026, a los 84 años, mientras cumplía una condena de cadena perpetua en La Haya. Mladić dirigió el ejército de la República Srpska durante la guerra de Bosnia y muchos lo llamaban el «carnicero de Bosnia». En 2017, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia lo condenó por diez delitos: uno de genocidio, cinco de crímenes contra la humanidad y cuatro de violaciones de las leyes o costumbres de la guerra. Como alto oficial militar que daba las órdenes, fue considerado responsable del asedio de Sarajevo y de la masacre de Srebrenica. Después de la sentencia, Zeid Ra’ad al-Hussein, ex alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, dijo que Mladić era la personificación del mal.
En julio de 1995, más de 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes fueron asesinados en Srebrenica, y entre 25.000 y 30.000 civiles bosnios musulmanes fueron expulsados por unidades que estaban bajo su mando.
Mladić fue acusado formalmente el 24 de julio de 1995 y estuvo casi dieciséis años en libertad, protegido primero por los servicios de seguridad serbios y serbobosnios, y después por su familia. En junio de 2010, su familia pidió a un tribunal que lo declarara muerto, algo que habría permitido a su esposa cobrar una pensión del Estado y vender sus propiedades, mientras él se escondía en una casa de la familia. Ese mismo octubre, la recompensa por su captura subió de cinco a diez millones de euros. El 26 de mayo de 2011, unos veinticuatro agentes con el rostro cubierto fueron a registrar la casa de un familiar en Lazarevo, en el norte de Serbia, sin ninguna razón especial para creer que él estaba dentro. Mladić se disponía a salir a caminar temprano. Dijo quién era y entregó dos pistolas. Su detención se consideraba una de las condiciones para que Serbia avanzara hacia la Unión Europea.
En Skopie, el escritor Bardhyl Jashari, que dirige la Fundación Metamorphosis, publicó a finales de agosto un artículo en el que sostiene que la muerte no cambia nada de la sentencia. Cuando los cargos públicos ponen en un pedestal a un criminal de guerra condenado, escribió, insultan a las víctimas y debilitan el Estado de derecho. Un país no se construye glorificando a criminales de guerra.
En la República Srpska, muchos serbios se reunieron en varias ciudades, entre ellos veteranos de guerra y funcionarios del Gobierno. Milorad Dodik habló de la muerte como de un «asesinato» y elogió a Mladić. Ćamil Duraković, vicepresidente de la República Srpska, ex alcalde de Srebrenica y superviviente de la masacre, criticó la concentración de Zvornik y recordó que Mladić sobrevivió décadas a sus víctimas. «Más que nada», dijo, «sentimos la amargura de que él haya vivido hasta una edad tan avanzada mientras que miles de personas, por desgracia, no lo hicieron».
