En abril, los investigadores del Proyecto Marmotas suelen llegar esquiando a su estación de campo en Gothic, Colorado. Este año caminaron todo el trayecto sobre suelo desnudo, sin nieve. Dan Blumstein, que dirige el estudio desde 2001, pasó una semana en el campo y escribió que nunca había visto una temporada así. La capa de nieve llevaba años adelgazando, pero siempre había habido esquís. Su estudiante Emily Renkey tomó fotos para comparar el camino de hacía cuatro años con el camino actual. Las marmotas ya estaban diciendo algo: salían antes de tiempo y quedaban expuestas a los coyotes y los zorros.
En otoño, el laboratorio había cerrado la temporada con unos 160 animales. En primavera solo salieron de la tierra unos 60. La nieve funciona como una manta que aísla la madriguera donde la marmota hiberna. Sin nieve, la temperatura bajo tierra cambia mucho y el animal dormido quema la grasa que necesita. Muchas se quedaron sin reservas antes de poder salir a comer. Cerca de 100 marmotas del estudio murieron durante el invierno. Además, sin nieve, las flores silvestres, que son su alimento principal, casi no florecieron. «Es muy triste», dijo Renkey al diario The Denver Post.
Para años así existe un archivo de datos de sesenta y cinco años. Kenneth Armitage empezó a estudiar estas marmotas en el Rocky Mountain Biological Laboratory en 1962 y dirigió el trabajo hasta 2001, cuando Blumstein, profesor de ecología y biología evolutiva en UCLA, tomó el relevo. La especie no está amenazada, y eso es parte de la idea: permite estudiar con calma, durante décadas, cómo cambian las poblaciones y el comportamiento. Es el segundo estudio más largo del mundo sobre mamíferos identificados uno por uno, después de los chimpancés de Jane Goodall en Tanzania.
Nada de eso bastó. En 2025 el proyecto perdió el dinero federal, porque el gobierno pasó los fondos a la inteligencia artificial, la robótica y la energía nuclear. Cuando Blumstein pidió la renovación, se la negaron tres veces y al final le dijeron que dejara de presentar solicitudes, con el argumento de que el proyecto ya tenía demasiados datos.
La solución llegó en una mañana tranquila en el campo. Blumstein contó que pasa mucho tiempo esperando a que las marmotas hagan algo, y que ahí se le ocurrió la idea. Cuando volvió con ella, una de sus estudiantes dijo enseguida que tenían que hacerlo. La noche anterior había visto Margo’s Got Money Troubles, una serie sobre una mujer que abre una cuenta en OnlyFans y gana mucho dinero. Su razonamiento, según Renkey, fue simple: las marmotas también tienen problemas de dinero. El 17 de junio el proyecto anunció en Instagram que la situación era tan mala que recurrían a OnlyFans, o, como ellos preferían llamarlo, OnlyMarms.
Las suscripciones son gratuitas y el laboratorio pide propinas. Las publicaciones muestran marmotas jugando, cavando o llevando plantas a su madriguera. A principios de agosto habían reunido unos 4.000 dólares. Los primeros cientos sirvieron para comprar cebo, que atrae a las marmotas. Blumstein dijo que el proyecto necesita entre 75.000 y 100.000 dólares para mantener a sus estudiantes.
Después llegó algo aún más raro. Una comunidad de internet creó una criptomoneda alrededor de OnlyMarms y ofreció al laboratorio las comisiones de las operaciones. Renkey no creyó que fuera real las primeras veces. Aun así aceptaron, y las comisiones ya han dado al proyecto más de 140.000 dólares. «No es la comunidad que esperábamos, pero estamos muy agradecidos», dijo Renkey.
En agosto organizaron por fin la Semana de la Marmota Gorda, con ocho adultos. Ganó un macho llamado Dawn, que durante semanas se negó a entrar en las trampas. En junio pesaba unas 8,6 libras; el 15 de agosto pesaba unas 13, el peso, dice Renkey, de un gato muy grande.
Toda esa grasa tiene una sola función: quemarse despacio durante ocho meses. «Levantas una marmota hibernando y parece una piedra fría con pelo», dijo Blumstein.
«Las marmotas no saben lo famosas que son», dijo Renkey, riendo.
