Rinto Arahap dormía, como casi todos a su alrededor, cuando el piso del transbordador empezó a inclinarse. Eran alrededor de las dos de la madrugada del domingo, unas cinco horas después de zarpar, y dice que oyó algo parecido a un metal que se rompía. Después empezaron los gritos. «La gente estaba en pánico. Algunos se subían a las mesas, otros se empujaban», contó después a la AFP este hombre de 33 años desde una camilla, en un centro de salud de Banjarmasin. Nadie de uniforme les dijo nada, aseguró. «No hubo ninguna advertencia de la tripulación. En el fondo, fue alguien que tomó la iniciativa y se puso a gritar: “Ay, el barco se escora, se escora, se escora”».
Las olas superaban los dos metros. Los pasajeros se disputaron los chalecos salvavidas mientras la cubierta se volteaba. Arahap consiguió uno, se lanzó al agua y flotó unas cuatro horas en el mar de Java hasta que alguien lo sacó. Viajaba a Samarinda, en Kalimantan Oriental, para empezar a trabajar en una plantación de palma aceitera. «No salvé nada, solo a mí mismo», dijo. «Mi billetera, todo... se perdió. Cosas como mi diploma escolar ya no están. Toda mi ropa se la llevó el agua».
La embarcación era el Virgo Transport 8, de construcción japonesa, diseñado para transportar pasajeros y vehículos. Había salido de Surabaya, la segunda ciudad de Indonesia, a las 10:33 de la mañana del sábado, con rumbo a Banjarmasin, en la costa meridional de Borneo, y debía llegar hacia las dos de la tarde del domingo. A bordo iban 213 pasajeros y 30 tripulantes, además de vehículos.
Antes de que el barco quedara en silencio, el capitán había informado de mar gruesa, con olas de hasta tres metros, y envió un mensaje de socorro en el que señalaba que la nave estaba escorando, según I Putu Sudayana, jefe de la Oficina de Búsqueda y Rescate de Banjarmasin. El contacto se perdió hacia las dos de la madrugada. La agencia de rescate en Banjarmasin indicó que recibió el aviso dos horas más tarde. A las autoridades se les informó primero de que la nave había volcado y después de que se había hundido. «El operador del barco reportó el incidente a las autoridades tras recibir información de que la nave se había topado con mal tiempo», dijo Sudayana en una comparecencia por video.
Heri Purwanto, director de la Autoridad Portuaria Marítima de Banjarmasin, señaló que el barco llevaba vehículos y que el contacto se perdió a las dos. «Respondimos con rapidez al reporte del incidente», afirmó.
Se envió un buque de rescate hacia la última posición conocida y se desplegaron equipos con cuatro embarcaciones, entre ellas una de la armada, y un helicóptero, dado el número de personas a bordo. Los rescatistas trabajaban en el mismo mar que había volteado al transbordador. Sudayana dijo a los periodistas que las cuadrillas enfrentaban olas de hasta 2,5 metros, en condiciones que describió como «extremadamente riesgosas» para las embarcaciones. «Incluso nuestro buque de Basarnas, que mide 40 metros, corre un gran riesgo», advirtió.
Las cifras cambiaron a lo largo del día, como ocurre en un suceso que todavía está en curso. Reuters informó de al menos 103 personas evacuadas. Para la tarde del domingo, los equipos de búsqueda, asistidos por remolcadores y otras embarcaciones cercanas, habían rescatado a 102 personas y recuperado un cuerpo, con unos 140 desaparecidos. Más tarde se hablaba de 107 rescatados y seis cuerpos recuperados, con alrededor de 130 personas sin localizar. Al caer la noche, Basarnas daba un balance de seis muertos, 108 rescatados y 129 desaparecidos.
La última posición de la nave se había detectado en el mar de Java, a unos 150 kilómetros de su destino. Es un mar poco profundo, situado sobre la plataforma de la Sonda, entre Borneo y Java, con una profundidad media de 46 metros, formado cuando el nivel del mar subió al final de la última glaciación sobre lo que antes era tierra firme y baja.
En el muelle de Banjarmasin, el primer buque de rescate con sobrevivientes atracó antes del anochecer. En el puerto se había instalado un centro de mando, con paramédicos y ambulancias a la espera. Decenas de familiares y amigos permanecían de pie frente a una pizarra en la que se iban anotando los nombres de los rescatados a medida que llegaban. Entre ellos estaba Jenah, de 26 años, que buscaba a su hermano mayor. Como muchos indonesios, tiene un solo nombre. «Estoy triste y muy conmocionada. Hasta ahora no he recibido más información», dijo. «Viajaba solo. Espero que sobreviva. No he podido comunicarme con él desde anoche».
Basarnas existe precisamente para esto. La agencia se fue creando por etapas a partir de las obligaciones de Indonesia como miembro de la Organización de Aviación Civil Internacional desde 1950 y de la Organización Marítima Internacional desde 1959: los países sin una organización de búsqueda y rescate se clasificaban en su momento como «área negra», una etiqueta que podía dañar su reputación y la seguridad de su transporte. En 1972 se estableció una agencia formal, que pasó a llamarse Basarnas en 1979 y que desde 2007 depende directamente del presidente. Solo en 2021 llevó a cabo 2.264 operaciones de búsqueda y rescate. En este trabajo, el tiempo de respuesta, es decir, el intervalo entre la llegada del aviso de un accidente y el momento en que la unidad de rescate alcanza el lugar, es la variable decisiva, y Basarnas fija por reglamento un tiempo medio de respuesta como forma de estimar la probabilidad de supervivencia de las víctimas. En el caso del Virgo Transport 8, el reporte llegó a la agencia dos horas después de que se perdiera el contacto.
Indonesia es un archipiélago de más de 17.000 islas donde los transbordadores son un medio de transporte habitual y los desastres ocurren con regularidad, atribuidos con frecuencia a una aplicación laxa de las normas de seguridad. El mes pasado, al menos 211 personas fueron evacuadas de un transbordador indonesio que se incendió con mar gruesa cerca de Bali, con un muerto y cuatro desaparecidos; menos de dos semanas antes, el Mutiara Sentosa 2 se incendió frente a Java y dejó al menos cinco muertos. El hundimiento del domingo se produjo cuatro días después de que un incendio arrasara un transbordador de pasajeros en Filipinas y matara al menos a 76 personas, con más de 10 aún desaparecidas. Y a comienzos de esa semana desapareció una lancha rápida con ocho personas a bordo, cinco de ellas periodistas que cubrían la erupción del monte Anak Krakatau; esa búsqueda también continúa.
Nada de esto es azaroso. Se sabe que cada año mueren casi 2.000 personas en accidentes de buques de pasajeros, y el 91 por ciento de esos casos involucra transbordadores; las deficiencias en los registros hacen que la cifra real pueda ser al menos la mitad más alta. Alrededor del 76 por ciento de los accidentes conocidos y el 95 por ciento de las muertes se producen en regiones tropicales pobres, el 80 por ciento de ellas en apenas diez países en desarrollo, y el 93 por ciento en travesías nacionales que los pasajeros por lo general no pueden evitar. Según una estimación, el 88 por ciento de los accidentes y el 98 por ciento de las muertes se deben directamente al error humano: naves no aptas para navegar, vigilancia deficiente, sobrecarga, negligencia y mala pericia marinera, agravadas por fallas en la evacuación, en los equipos de salvamento y en la búsqueda y el rescate.
En América del Norte y en Europa, los transbordadores son el medio de transporte más seguro que existe.
Arahap flotó cuatro horas con un chaleco salvavidas que él mismo había arrebatado, después de una advertencia que ningún oficial dio. En Banjarmasin, Jenah seguía mirando la pizarra.