A Smit Machchhar no le extrañó lo que le pidió su primer oficial. Volaban en algún punto sobre Arabia Saudí cuando el copiloto le preguntó si podía rezar allí mismo, en la cabina de mando. El capitán aceptó y, según contó después, «por respeto a él, no miré hacia atrás». Siguió con la vista fija al frente. «Al cabo de cuatro o cinco minutos, sentí un golpe muy fuerte en la nuca.» Lo primero que pensó fue que el propio avión había sufrido una avería gravísima.
Machchhar, piloto de nacionalidad india, era el comandante del vuelo 1073 de Flydubai el 30 de septiembre de 2026, y también quien llevaba los mandos. Se trataba de un servicio regular entre el Aeropuerto Internacional de Dubái y el aeropuerto Ben Gurion, cerca de Tel Aviv. A bordo del Boeing 737 MAX 8 viajaban 174 pasajeros y seis tripulantes. El primer oficial era el omaní Hamam al-Hammami, cuya tarea consistía en supervisar el vuelo. Según el relato de varios pasajeros, al-Hammami golpeó al capitán con el hacha de emergencia de la cabina y lo hirió de gravedad. Después hizo que el avión iniciara un descenso muy pronunciado. Todo apunta a que intentaba secuestrar el aparato y estrellarlo.
De acuerdo con Flightradar24, tras despegar de Dubái el avión había subido hasta unos 10.400 metros de altitud. Unas dos horas después de la salida, los datos de seguimiento mostraron que el aparato perdía altura a gran velocidad y giraba bruscamente hacia el norte. En unos 30 segundos, el avión cayó cerca de 4.900 metros. Alberto Paduanelli, instructor de aviación y propietario de la empresa ALPA Simulation, en el sur de Inglaterra, reprodujo ese descenso en un simulador de vuelo a petición de Reuters. Según explicó, el piloto automático se desconectó antes de que comenzara la caída, de modo que el avión ganó velocidad muy deprisa. A bordo, la sensación habría sido la de «una montaña rusa vertical». En una caída repentina, añadió, los pasajeros experimentan una fuerza g negativa, y quien no lleve el cinturón puesto lo nota de inmediato: «Tu cuerpo se levanta literalmente del asiento».
Mientras tanto, en la cabina, Machchhar seguía recibiendo golpes, uno tras otro. Más tarde le contó al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que llegó a estar a punto de perder la vista por los repetidos golpes del copiloto. Al-Hammami no dejaba de atacarlo y mantenía el avión en picado. Aun así, el capitán, que se encontraba en estado crítico, volvió a estirar el brazo hacia la puerta de la cabina. Según dijo, sintió que todavía le quedaban fuerzas para «una pelea más».
Esa puerta está diseñada para impedir que el peligro entre en la cabina de mando. En el vuelo 1073, sin embargo, el peligro ya estaba dentro. Machchhar consiguió abrirla, y eso permitió que los pasajeros intervinieran.
Entre gritos, los pasajeros ya se habían dado cuenta de lo que ocurría en la parte delantera del avión. Contaron que el copiloto atacaba al capitán sin parar y que había sangre por todas partes. Cuando el capitán, malherido, desbloqueó la puerta, un pasajero agarró al copiloto y lo sacó de la cabina. Otros forcejearon con él hasta reducirlo. Las autoridades de aviación de los Emiratos Árabes Unidos confirmaron más tarde que los pasajeros habían ayudado a la tripulación a controlar la situación antes de que el vuelo se desviara. Un vídeo verificado por CNN muestra lo que vino después: un piloto gravemente herido tendido en el suelo del avión, con el rostro contraído de dolor y cubierto en parte por una mascarilla.
Pero alguien tenía que seguir pilotando el avión, y en ese momento el vuelo tuvo una suerte poco común. Entre los pasajeros había dos pilotos de uniforme que no estaban trabajando en ese vuelo. Daniel Schlichter, que iba sentado en la segunda fila, le explicó a la agencia Associated Press por qué estaban allí. «No en todos los vuelos llevan dos pilotos de más», dijo. «En este caso los llevaban porque tenían que volver con el avión de Tel Aviv a Dubái, y esa es la única razón por la que estaban allí.» Las aerolíneas llaman a esta práctica deadheading: trasladar a tripulantes como pasajeros para que trabajen en otro vuelo.
Schlichter no sabía con certeza de dónde habían salido aquellos dos hombres, pero sí recordaba la rapidez con que reaccionó el primero. «Actuó de verdad como un héroe: se hizo cargo del avión y reaccionó como si entendiera exactamente lo que estaba pasando. Creo que le debemos la vida tanto como a los demás héroes que iban en el vuelo», afirmó. Cuando los dos pilotos entraron en la cabina y la puerta volvió a cerrarse, Schlichter ya no pudo ver quién hacía qué. Hicieron falta «bastantes minutos», quizá diez o más, para estabilizar el avión. El descenso había sido tan violento que se desprendió una parte del timón de dirección. Mientras los pilotos buscaban un lugar donde aterrizar, se emitió una llamada de socorro, un mayday. Al Jazeera habló también de una persona a bordo a la que llamó «el fontanero», que durante un tiempo se encargó del panel de control del avión.
No todos los pasajeros se sintieron aliviados enseguida. Una vez que el avión recuperó el vuelo horizontal, los pilotos no dijeron nada a la cabina, y ese silencio asustó a Schlichter. «Cuando lograron estabilizar el avión, la verdad es que no se comunicaron con nosotros, y tengo que decirles que eso me preocupaba», contó. Temía que aquellos hombres estuvieran «secuestrando el avión para llevarlo quizá a Irán, o no sé adónde, porque en realidad no estamos muy lejos». Al cabo de unos 45 minutos, los pilotos anunciaron que aterrizarían en Tabuk, en Arabia Saudí, y que todo iba a salir bien. Schlichter decidió confiar en ellos. El 3 de octubre de 2026, tres días después, Flydubai seguía sin dar a conocer la identidad de los dos hombres y se limitaba a describirlos como miembros de la tripulación en servicio que viajaban en el avión.
Los controladores aéreos de Tabuk recibieron una llamada de socorro en la que se solicitaba un aterrizaje de emergencia. Cuando el avión se acercaba, su transpondedor pasó al código 7700, la señal que indica una emergencia general. Casi cuatro horas después del despegue, el aparato tomó tierra en Tabuk. Allí esperaban equipos médicos y agentes de seguridad para atender al agresor herido, al capitán, que sangraba, y al resto de los ocupantes. El avión aterrizó en el aeropuerto Príncipe Sultán bin Abdulaziz, y las 180 personas que iban a bordo sobrevivieron. Tras revivir el vuelo en su simulador, Paduanelli lo calificó de «un auténtico milagro que nadie resultara herido salvo el capitán, por desgracia, y que hubiera dos pilotos a bordo».
Los elogios al capitán no tardaron en llegar. El mismo día del ataque, Netanyahu escribió: «Mi saludo al piloto indio, el capitán Smit Machchhar, por su extraordinaria valentía». El primer ministro de la India, Narendra Modi, elogió la valentía del capitán. El 2 de octubre, Modi llamó a Machchhar para desearle una pronta recuperación. Durante esa conversación, desde su cama del hospital, Machchhar describió el momento en que comprendió que tenía que volver a levantarse.
La investigación se centra ahora en el otro hombre que estaba en la cabina. El 3 de octubre, el fiscal general de los Emiratos Árabes Unidos declaró que el copiloto había atacado al capitán con el hacha de emergencia y calificó lo ocurrido de «ataque terrorista». Un funcionario le dijo a CNN que una de las principales preguntas era por qué la tripulación incluía a un piloto de un país con el que Israel no mantiene relaciones diplomáticas. Según fuentes oficiales de la región citadas por Associated Press, antes del vuelo los Emiratos habían enviado a Israel una lista con los pasajeros y los tripulantes, e Israel no había puesto objeciones a ninguno de ellos. Un equipo antiterrorista australiano examina además los vínculos del copiloto con Australia, donde, según algunas fuentes, estudió en una universidad de Melbourne. Flydubai sostiene que las circunstancias todavía se están investigando, y Omán no ha hecho comentarios.
En su conversación con Netanyahu, difundida la tarde del 3 de octubre, el capitán explicó qué lo había empujado a seguir intentando alcanzar aquella puerta mientras los golpes continuaban y el avión caía. «Sabía que no podía dejar morir a los pasajeros», dijo Machchhar.
