
Unas fotos en Instagram llevan al descubrimiento de una nueva especie de nenúfar gigante
Sus hojas son tan grandes que se distinguen en imágenes de satélite. Aun así, esta planta no tenía nombre científico hasta que un dueño de un vivero estadounidense publicó fotos en las que aparecía nadando a su lado en un río de Colombia. El 9 de octubre de 2026, un grupo de botánicos publicó un artículo en el que la describe como una especie nueva, Victoria colombiana, el nenúfar gigante colombiano. Los científicos advierten que es posible que solo queden entre 30 y 50 ejemplares en estado silvestre.
El hombre de las fotos es Jeremiah Harris, que tiene un vivero de plantas carnívoras en Colorado Springs, en el estado de Colorado. Las publicó después de visitar la región de Inírida, en el departamento de Guainía, al este de Colombia. En la publicación identificó la planta como Victoria amazonica, el conocido nenúfar gigante del Amazonas. La nueva especie tiene hojas flotantes que alcanzan los 2 metros de ancho, y es apenas la cuarta que se conoce dentro de su género.
Quien se dio cuenta de lo que a Harris se le había pasado por alto fue Carlos Magdalena, horticultor dedicado a la investigación botánica y científica en el Real Jardín Botánico de Kew, en el Reino Unido. Según el medio Mongabay, todo empezó en 2021, cuando Magdalena encontró las fotos por casualidad. Él sabía que nunca se había registrado ninguna especie de nenúfar gigante sudamericano en la cuenca del Orinoco. Y el río Inírida no pertenece al sistema del Amazonas, sino que desemboca en el del Orinoco. «Así que en cuanto vi la foto en Instagram con la ubicación en Inírida, me di cuenta de que era algo extraordinario», explicó a Mongabay por correo electrónico.
Magdalena estaba en una posición privilegiada para notarlo, porque estudia el género Victoria desde hace más de veinte años. En 2022 fue uno de los autores de un estudio que reorganizó el género y dio nombre a otra especie nueva, Victoria boliviana, procedente de Bolivia. Aquel trabajo explicaba por qué se sabía tan poco de estas plantas gigantes. Por un lado, los ejemplares de referencia originales de las dos especies reconocidas se habían perdido o destruido. Por otro, las propias plantas son muy difíciles de conservar en un herbario, es decir, la colección de plantas secas y prensadas que los botánicos consultan como si fuera una biblioteca. Según el estudio, son «grandes, carnosas, cubiertas de espinas y tienden a pudrirse en el secador». Por eso, los autores solo contabilizaron 97 ejemplares de herbario recogidos en la naturaleza de V. amazonica y 18 de V. cruziana, a pesar de que ambas especies crecen en zonas muy extensas.
Por muy llamativa que fuera, una fotografía no bastaba para dar nombre a una especie. Lo primero que hizo Magdalena fue ponerse en contacto con Harris para saber exactamente dónde se habían tomado las imágenes. Después recurrió a imágenes de satélite y fue revisando el río y los lagos cercanos hasta que localizó varias hojas de Victoria que pertenecían a una misma planta. Harris confirmó que las plantas que se veían en los mapas eran las mismas que le habían enseñado los guías de la zona. Aun así, pasaron varios años más, dedicados a estudiar imágenes de satélite y a reunir el dinero y los permisos necesarios, antes de que Magdalena pudiera ver las plantas con sus propios ojos.
Cuando por fin llegó el momento, el viaje fue breve. Magdalena se unió a un equipo del jardín botánico de Bogotá y a miembros de resguardos indígenas de la zona en una expedición de cinco días por la selva inundada. Durante días buscaron sin éxito. Entonces, su conductor les dio una pista sobre dónde mirar. Cuando solo faltaban 10 horas para su vuelo de regreso, el grupo salió a la una de la madrugada. En lugar de acercarse al aeropuerto, se alejaron de él y se adentraron aún más en la selva. Los guías pertenecían a la comunidad tucano, conocida por su habilidad para orientarse en estas aguas. La selva era espesa y estaba inundada, y allí no se podía confiar ni en el GPS ni en la cobertura del móvil.
Poco antes del amanecer llegaron a un pequeño lago y encontraron cinco de estas plantas, una de ellas en flor. En total, el equipo documentó siete plantas repartidas entre dos lagos. Luego regresaron a toda prisa y lograron tomar el avión. «Fue tan emocionante que se me escapó una lágrima. Es uno de esos momentos que recordaré toda la vida», contó Magdalena al diario The Guardian. «Encontrarte con algo así es absolutamente fascinante, te deja con la boca abierta».
La flor era fundamental. Según Tech Times, un sitio de noticias de tecnología, la expedición casi con seguridad habría terminado sin el ejemplar en flor que necesitaban los científicos de no ser por Gustavo Melo, que conocía los cursos de agua y sabía dónde crecían las plantas. Melo figura entre las cinco personas que recogieron el ejemplar tipo, es decir, la planta concreta que ahora define oficialmente la especie. Ese ejemplar se recogió el 28 de julio de 2024 en el lago Cejal, dentro del Resguardo Indígena El Paujil, en Inírida. Lo recogieron Mauricio Bernal, Carlos Magdalena, Nilo Rodríguez, Jaime Hernández y Gustavo Melo.
Los ejemplares se montaron y se guardaron en el herbario del Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis. El trabajo formal de clasificación estuvo supervisado por Maarten Christenhusz, taxónomo de plantas que trabaja en Gales para la Sociedad Botánica de Gran Bretaña e Irlanda y que es investigador asociado honorario de Kew. La especie aparece descrita en la revista Phytotaxa, firmada por Magdalena, Christenhusz y Mauricio Bernal-Rodríguez. Sus flores duran poco tiempo. Entre los rasgos que la distinguen de las demás especies está el ovario, que tiene una forma más o menos cúbica, espinas cortas y flexibles y los lados hundidos. El nombre, sencillamente, rinde homenaje al país donde crece.
«Se descubren especies nuevas constantemente, pero pocas son tan grandes, espectaculares y emblemáticas como esta», afirmó Christenhusz. «Este nuevo nenúfar gigante se puede ver incluso desde el espacio, lo que nos recuerda de forma muy clara todo lo que todavía desconocemos sobre la vida en nuestro planeta. Solo podemos conservar lo que sabemos que existe, y descubrimientos como este demuestran por qué es tan importante explorar y comprender el mundo natural».
¿Cómo es posible que algo tan grande haya pasado desapercibido durante tanto tiempo? Magdalena explicó a Mongabay que la planta es «increíblemente rara y crece en lugares que la gente apenas visita, y mucho menos la ciencia». Tech Times señala que el artículo no descarta que existan otras poblaciones aún sin descubrir en la cuenca del Orinoco, cuya compleja red de ríos y lagos podría ocultarlas. El equipo que describió la especie afirma que, para encontrarlas, será imprescindible buscar plantas individuales en imágenes de satélite.
Harris es ahora uno de los autores del estudio. Contó a The Guardian que sus amigos siempre se habían burlado de él por hacerse selfis con plantas, y que le parecía «increíble» que uno de ellos hubiera acabado en el descubrimiento de una especie nueva. «Estaba emocionadísimo, absolutamente eufórico», dijo.
La especie recibió su nombre y fue declarada rara casi al mismo tiempo. Los investigadores calculan que en la naturaleza crecen entre 30 y 50 plantas, y el equipo tiene previsto solicitar a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza que la incluya en la categoría de especie en peligro crítico. Uno de los criterios que permiten clasificar una especie en esa categoría es que su población se estime en menos de 250 individuos adultos. Si se aprueba, sería la primera vez que la planta recibe un estatus formal de conservación a nivel internacional.
«Ahora que sabemos que este nenúfar existe, nuestra responsabilidad es conocerlo mejor y protegerlo», afirmó Magdalena. «Con tantas plantas silvestres en peligro de extinción, sencillamente no podemos esperar más para actuar».
Algunas de esas medidas ya están previstas. Una de las ideas es crear una población en un lago de más fácil acceso, también dentro del territorio indígena. Esto podría impulsar el ecoturismo local y daría a la especie un grupo de plantas protegido lejos de su remoto hábitat original. Magdalena explicó que su equipo intenta recoger semillas para cultivar plantas en jardines botánicos y cerca de las comunidades indígenas. El objetivo es cultivarla en Bogotá y, si funciona, quizá algún día también en Kew. Magdalena no espera que la planta se lo ponga fácil. «Los nenúfares gigantes desvelan sus secretos poco a poco», dijo. «Creemos que lo sabemos todo, pero la realidad es que no es así: todavía quedan muchas cosas por descubrir y por proteger».