
La jueza sudafricana Navi Pillay gana el Premio Nobel de la Paz
Cuando Navi Pillay supo que había ganado el Premio Nobel de la Paz, lo primero que pensó fue que era una broma. «Como abogada y jueza, todavía quiero comprobarlo», dijo esta sudafricana de 85 años. Empezó su carrera en Durban, donde defendía a las personas que luchaban contra el apartheid, el sistema que separaba a la población por el color de la piel. Después llegó a trabajar en tres tribunales internacionales.
Pero la noticia era real. El viernes 9 de octubre de 2026, el Comité Noruego del Nobel anunció en Oslo que el premio era para Pillay «por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional». La eligieron entre más de 280 candidatos. Unas horas más tarde, el Gobierno de Estados Unidos impuso sanciones a la Corte Penal Internacional, donde ella había sido jueza.
El comité la describió como «una de las expertas en derecho más valientes e importantes de nuestro tiempo». También dijo que el premio llegaba en un momento en que el derecho internacional estaba bajo una enorme presión.
Pillay nació en 1941 en Clairwood, un barrio de Durban, en una familia de origen tamil, de la India. Con solo diez años escribió una redacción para la escuela sobre un problema que veía en su país: los jueces castigaban a las personas negras con penas más duras que a las blancas. Más tarde estudió Derecho en la Universidad de Natal gracias al dinero que reunió la comunidad india de la zona. En 1967 se convirtió en la primera mujer no blanca que abrió su propio despacho de abogados en la provincia de Natal. Ella explicó que no tenía otra opción, porque ningún bufete quería contratarla: decían que los empleados blancos no podían recibir órdenes de una persona de color. Durante 28 años defendió a activistas contra el apartheid. En 1995 llegó al Tribunal Superior de Sudáfrica, como la primera mujer no blanca que fue jueza allí.
Ese mismo año, el presidente Nelson Mandela la propuso para el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, que se creó para juzgar a los responsables del genocidio de 1994. Pillay trabajó allí durante ocho años, cuatro de ellos como presidenta. El 2 de septiembre de 1998, el tribunal declaró culpable de genocidio a Jean-Paul Akayesu, que había sido alcalde de Taba durante la masacre. Era la primera vez que un tribunal internacional condenaba a alguien por genocidio.
Pillay fue una de las juezas de aquel caso, que cambió el derecho internacional: el tribunal decidió que la violación también podía ser un acto de genocidio. «Queremos enviar una señal clara de que la violación ya no es un trofeo de guerra», dijo Pillay en una entrevista.
Después fue una de las primeras juezas de la Corte Penal Internacional, entre 2003 y 2008, y luego Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos hasta 2014. Fue la primera mujer del sur global en ocupar ese puesto. Su trabajo más reciente ha sido también el más polémico. Presidió una comisión de la ONU que en septiembre de 2025 concluyó que Israel había cometido genocidio en la guerra de Gaza. Israel niega esta acusación.
En Sudáfrica, el premio fue motivo de orgullo nacional. Pillay es la quinta persona de su país que gana el Nobel de la Paz, después de Albert Luthuli, Desmond Tutu, Nelson Mandela y F. W. de Klerk, y la primera mujer sudafricana.
Sin embargo, ese mismo día, la corte que ella había ayudado a construir recibió las sanciones más duras del Gobierno de Donald Trump. Esta vez, Washington también podía castigar a las empresas que dan servicios a la corte. «El presidente Trump nunca permitirá que la Corte Penal Internacional juzgue a estadounidenses», declaró el secretario de Estado, Marco Rubio. La fiscal adjunta de la corte, Nazhat Shameem Khan, condenó las sanciones y dijo que no iban a detener el trabajo del tribunal.