La motocicleta se detuvo frente al colegio electoral de Tangermünde el domingo por la mañana y el pequeño grupo que esperaba allí rompió a aplaudir. Ulrich Siegmund se bajó, entró con su esposa Julia, depositó su voto y volvió a salir para posar en selfies con quien se lo pidiera. Después dijo a la gente reunida a su alrededor que percibía un clima de optimismo y que Alemania necesitaba superar sus divisiones políticas. Ya había anunciado que solo aceptaría el cargo de ministro presidente si su partido lograba la mayoría absoluta.
Al caer la noche en Magdeburgo, la pregunta ya no era si Alternativa para Alemania ganaría en Sajonia-Anhalt, sino por cuánto. El recuento oficial preliminar de la comisión electoral regional situó a AfD en el 43,8 por ciento, su mejor resultado en cualquier estado alemán y el doble de lo que obtuvo hace cinco años. Los democristianos de Friedrich Merz quedaron segundos con el 17,2 por ciento, su peor resultado histórico en el estado, y no ganaron ni una sola circunscripción de forma directa. Los socialdemócratas se quedaron en el 9,3 por ciento, los Verdes en el 8,9 y La Izquierda en el 8,6. El BSW también superó el umbral para entrar en el parlamento.
En el fondo del escenario de la fiesta electoral de AfD se leía: Bienvenidos. Todo es posible. La participación, según la cadena ZDF, fue del 77 por ciento. Cuando aparecieron los primeros sondeos a pie de urna, Siegmund estaba del brazo de los dos líderes nacionales del partido, que se reían a medida que se hacía evidente la magnitud del resultado. La gente agitaba banderas alemanas y se abrazaba. «Hemos hecho historia en este país», dijo Siegmund. «La gente ha dejado absolutamente claro que por fin quiere un cambio político y, sobre todo, ha demostrado que lo quiere con nosotros». Donald Trump publicó una captura de pantalla del resultado en Truth Social, sin comentario alguno. Líderes de la extrema derecha de otros países europeos hablaron de un mandato para el cambio.
Sajonia-Anhalt no es un territorio grande. Tiene unos 2,14 millones de habitantes, limita con otros cuatro estados y fue creado en 1945 por la administración soviética a partir de la provincia prusiana de Sajonia y el Estado Libre de Anhalt. Se disolvió en 1952, su territorio se repartió entre los distritos de Halle y Magdeburgo, y volvió a recomponerse en 1990 con la reunificación. Concentra el mayor número de sitios del Patrimonio Mundial de la Unesco de Alemania y es el estado menos religioso del país: en 2018, el 15,2 por ciento de sus residentes pertenecía a alguna de las grandes confesiones cristianas.
Siegmund nació en Havelberg en octubre de 1990, tres semanas después de la reunificación. Se formó como técnico comercial en comercio mayorista y exterior, y luego estudió psicología empresarial y administración de empresas. A los 23 años fundó una compañía de ambientadores y sistemas de aromatización. Se afilió a la CDU a los 18 años, la abandonó seis años después y en 2014 se pasó a AfD, que entonces tenía apenas un año de vida.
Lo que se llevó de sus estudios, según un relato español, fue que los mensajes sencillos funcionan cuando se repiten y que vender consiste menos en colocar un producto que en producir una sensación. Había trabajado en ventas y en una clínica oftalmológica de Berlín. Su despegue en internet llegó durante la pandemia, cuando afiló su rechazo a las restricciones por el coronavirus y sumó cientos de miles de seguidores. La fórmula, desde entonces, son frases cortas, repetición, buen humor y una escenografía que borra cualquier distancia entre el político y el votante. Entró en el parlamento de Sajonia-Anhalt en 2016 y copreside el grupo parlamentario de AfD con Oliver Kirchner desde agosto de 2022. Cuando el partido lo eligió candidato principal en 2025, lo respaldó el 98,3 por ciento de los delegados.
La sonrisa es su marca. Ha cambiado la ira del partido por el optimismo y ha hecho campaña con el lema de que todo va a salir bien; la gente hacía largas colas para conseguir un selfie y un autógrafo.
El programa que hay debajo no es amable. Si AfD asume el gobierno regional, la promesa es la deportación inmediata, con el objetivo declarado de expulsar a tantos migrantes sin permiso de residencia como sea posible. El partido quiere endurecer las normas de asilo en todos los niveles, más detenciones preventivas, trabajo obligatorio para los solicitantes de asilo y el fin de toda financiación pública de los programas de integración, a los que llama la industria del asilo. Pretende excluir de la escolarización ordinaria a niños y adolescentes sin residencia permanente y crear un grupo de trabajo de remigración dentro del gobierno estatal para coordinar la política de asilo. No está claro cuánto de esto podría hacer legalmente un gobierno regional: crear categorías especiales de refugiados podría vulnerar el derecho internacional y europeo, y las decisiones sobre deportaciones no corresponden al estado.
Y hay más. Escuelas e instituciones culturales orientadas hacia lo que el partido considera valores tradicionales, prohibición de las banderas arcoíris en los centros escolares, la bandera alemana izada a diario, el himno cantado por alumnos y personal en las celebraciones escolares, niños refugiados en clases segregadas, una reforma de fondo de la radiotelevisión pública. Patrullas ciudadanas. Más ruso en las aulas. Ningún parque eólico nuevo. En el plano nacional, el partido quiere restringir con fuerza la inmigración, restablecer los lazos con Rusia, recortar el apoyo a Ucrania y abandonar el euro. Todos los partidos tradicionales se niegan a colaborar con él, y la delegación regional del servicio de inteligencia interior alemán lo ha clasificado como extremista de derecha. El pequeño BSW podría ser el único socio disponible.
Merz había hecho campaña advirtiendo de que una victoria de AfD dañaría al estado y espantaría a los inversores extranjeros. Un sondeo de ARD reveló que el 87 por ciento de los votantes del estado estaba descontento con el gobierno federal, y Siegmund ha llegado a decir que el canciller es el mejor propagandista de AfD. «Este resultado electoral es, sobre todo, un voto de censura al gobierno federal», afirmó Marcel Fratzscher, del Instituto Alemán de Investigación Económica.
El lunes, Merz dijo que todos estaban profundamente conmocionados. Habló de la derrota electoral más grave de la CDU en años, incluso en décadas, y reconoció que nadie esperaba que las cosas acabaran así. Señaló que la simple lista de quienes habían felicitado a AfD mostraba cuánta atención internacional había despertado el resultado. Cuando cerca del 60 por ciento de los votantes apoya a partidos que cuestionan las instituciones democráticas del país, dijo, ese es un resultado que no se puede despachar sin más. Aceptar el veredicto de las urnas es la esencia de la democracia, añadió, pero hay cosas que no se someten a votación: las reglas de la convivencia y los valores de la Constitución.
En la fiesta de Magdeburgo, un asistente llamado Antony Lee lo expresó a su manera. «Está claro que necesitamos un cambio en Alemania y en Europa Occidental. Y creo que de aquí sale una señal de partida, guste o no guste», dijo. «Soy padre, soy empresario, y sé que las cosas no pueden seguir así en Alemania».
